Ésta es una entraña más de el cuarto claro, no una estancia aledaña.
Mis poemas, y algún otro texto, el 99% de las veces los expongo en el otro. Fotografías, en ambos.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Rosas madrugadoras

3 comentarios:

Javier Valls Borja dijo...

Rosas madrugadoras que me hacen evocar "Lo que queda del día" de Kazuo Ishiguro, y la magnífica película que hizo después James Ivory... Esa luz, esos verdes profundos de la campiña inglesa... ¡en Sevilla! :))) Me gusta mucho.

Beso.

Sofía Serra Giráldez dijo...

:))), me alegra haberte dadoun gusto, :)....supongo que s lo que se echa de menos lo que se "crea", porque es así, en el campo,sembrando rincones, creándolos quieras que no, he ido buscando siempre esa sensación de humedad y verde tan propios de Inglaterra, o quizás cualquier otra zona más norteña que ésta, no sé si porque lo echo de menos por lo caluroso y seco del lugar o es algo que siempre me ha atraído más de la cuenta, como si de un recuerdo atávico se tratase.

Mi padre decía: "antes de morirme tengo que ver convertido esto en un vergel!", en eso coincidíamos, en ese gusto, y supongo que sin querer he trabajado para darle el gusto aunque ya no lo pudiera ver, :).

Las rosas son "sevillanas", :), quiero decir de una variedad de rosal que se conoce como "sevillano" y que me recuerda a las que mi abuelo tenía sembradas en la azotea, en macetas,junto con el jazmín y las latas grandes sembradas de yerbabuena.. todo se me mezcla.
Sería un contradiós que yo no fotografiase árboles, verde o rosas, :D, una contranatura total, ¡si es que los llevo en la sangre!...:D
Pero estas son trabajadoras, ¿eh?, (la hormigonera al fondo), por eso son madrugadoras, como todos los obreros y trabajadores, y como yo misma aunque no sea trabajadora como esta sociedad categoriza. Hoy la clase obrera hace otro tipo de trabajos.
;)
Un beso

Javier Valls Borja dijo...

Comparto ese recuerdo atávico y la obsesión por el verde. Siempre digo que no entiendo cómo la gente del interior viene aquí a pasar sus vacaciones, en este secarral que es mi tierra, donde el único verdor que percibes es el de los cultivos, y donde los montes, cada vez más pelados, resultan inhóspitos mostrando sus entrañas grises. No negaré que algún rincón bonito y agradable hay, sobre todo por el interior de la provincia, pero es que te vas al norte de España y mires a donde mires se te llenan los ojos y el espíritu de frescor. Dicen que el precio que hay que pagar por eso es la persistente lluvia, precio que pagaría gustoso ¡me encanta la lluvia!

Conozco los rosales sevillanos; aquí se plantan en infinidad de rotondas y medianas, para alegrar la vista de los conductores. Madrugadores no sé si serán, pero hay que ver cómo trabajan: cada uno de ellos hace montones de rosas cada temporada.

Beso.

 
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